Vecinas y vecinos de Valladolid:

Hoy, 20 de marzo de 2026, nos estamos movilizando contra la alarmante deriva de los acontecimientos en el mundo, en un momento en que la historia parece repetirse bajo las sombras más oscuras del pasado. No estamos hoy aquí solo por solidaridad con quienes sufren de manera más descarnada el fascismo y la guerra, sino porque entendemos que la paz y la soberanía de todos los pueblos se encuentran bajo un ataque sistemático por parte del imperialismo. Es nuestra responsabilidad ser parte activa de la solución en esta encrucijada en que nos hallamos.

El derecho internacional, si siempre fue inestable y desequilibrado, está siendo sustituido cada vez más por la “ley del más fuerte”. Frente a ello, defendemos el respeto al derecho internacional y a los principios recogidos en la Carta de las Naciones Unidas, que establecen la prohibición del uso de la fuerza y la resolución pacífica de los conflictos entre los pueblos. El mundo sangra en diversos frentes: en América Latina, África, Europa y muy especialmente en Oriente Próximo, donde toda la región arde con el telón de fondo del genocidio sionista contra el pueblo palestino y a consecuencia de la reciente agresión de Israel y los EEUU contra Irán y el Líbano. Obviamente todos esos conflictos bélicos nada tienen que ver con exportar “libertad” o “democracia”; su nexo común son las pretensiones de un Sistema capitalista en crisis que recurre a su versión más criminal, el fascismo, para sostener la hegemonía -política, económica, cultural…- mediante la dominación y sumisión del resto del mundo. Si para garantizarse esa supremacía tienen que conducirnos a la III Guerra Mundial, lo harán, y esta consideración no es exagerada, sino ajustada al proceso de globalización de la guerra que estamos presenciando.

Esta escalada belicista no es algo ajeno, ni un eco lejano que solo ocurre en las fronteras de Europa o en el llamado “Sur Global”. Muy al contrario, los conflictos se impulsan, financian y arman también desde aquí para el beneficio inmediato de los dueños de la industria de la muerte y del complejo militar-industrial, que obtiene enormes beneficios de la expansión de los conflictos y de la militarización de nuestras sociedades.

Pero más allá, para el conjunto de la ciudadanía, la guerra supone una grave amenaza, que afecta, más en concreto, a los intereses de las clases populares, las primeras en pagar las consecuencias socio-económicas derivadas de ella.

La deriva guerrerista ya está sirviendo de excusa para el recorte de derechos y libertades fundamentales o incluso para el planteamiento del retorno de servicios militares obligatorios. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia, esperando a que la guerra llame a nuestra puerta para salir a defender la paz. Exigimos el fin de la «economía de guerra». En este 40 aniversario del referéndum sobre la OTAN, recordamos que esta alianza militar ha sido un instrumento de intervención y guerra al servicio de los intereses geopolíticos de las grandes potencias. Cada euro que se desvía hacia el gasto militar es un euro que se hurta a los servicios públicos que sostienen nuestra vida diaria. La verdadera seguridad ciudadana no se garantiza con misiles, sino con una economía que permita una vivienda digna, escuelas y hospitales dotados de personal y con escuelas que formen en la cultura de la paz y el pensamiento crítico.

Denunciamos que el rearme material siempre va precedido de un rearme ideológico basado en el odio y la irracionalidad. El fascismo es el sistema político preferido por los guerreristas para imponer el control social, señalar al diferente e intentar aplastar la disidencia interna. La deshumanización es su característica principal. La paz real es incompatible con el auge de quienes siembran la división entre los vecinos y vecinas por su origen, su identidad o sus ideas. Por eso, oponerse al avance de la guerra significa oponerse invariablemente a la normalización del fascismo.

Hacemos un llamamiento urgente a toda la ciudadanía, así como a movimientos sociales, colectivos, sindicatos y organizaciones políticas, a participar en la construcción de un verdadero y amplio movimiento contra la guerra. Reivindicamos la importancia de la sociedad organizada para detener el avance de estos conflictos, pues la experiencia histórica nos demuestra el poder de las movilizaciones populares. Exigimos que nuestro país e instituciones no sean cómplices de la barbarie, y que la posición del Estado español de no intervenir ni colaborar con nuevas guerras ilegales sea efectiva y se refuerce mediante una política exterior comprometida con la paz, el derecho internacional y la resolución diplomática de conflictos. Señalamos que la diplomacia, el diálogo y la cooperación internacional son las únicas vías legítimas para la resolución de los conflictos entre los pueblos. Y nos solidarizamos con aquellos que sufren -y resisten- a las guerras que el imperialismo les impone.

¡Ni un euro más para la guerra, ni un derecho menos para la gente!

¡Frente al odio y el rearme, organización y justicia social!

¡Por el fin de todas las guerras y ocupaciones!

¡VALLADOLID DICE: NO A LA GUERRA, NO AL FASCISMO!


    Plataforma Valladolid contra la Guerra
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